Recortes de prensa.
A peseta la garrafa.
La absurdez de ciertas modas literarias ha hecho que se publiquen cosas que no merecían el papel en el que fueron impresas. Me refiero a esos poetas pasados de rosca, que creen que escriben mejor cuando están de curda o que coleccionan botellas de mezcal. Me dirijo a esos que nos han tratado de convencer en que lo breve era bueno, cuando la única verdad es que una cosa no implica la otra. Hay cosas muy breves y horrorosas. Una arcada, un escalofrío, un retortijón. Eso son cosas breves desagradables. Y las mismas sensaciones producen ciertos textos breves que últimamente todo el mundo quiere leer. Textos breves de un autor con un nombre tan rimbombante como August Tercero de Foer.
Al vulgo le gusta hablar durante horas sobre algo que tardaron un par de minutos en leer. Sentarse en cafés con mucho mármol y mucho cristal y mover sus copas de vino barato para aspirar los aromas que no saben reconocer. Foer es un vino barato. Un vino de mesa de garrafa. Una moda inventada con mal gusto, placentera para los que no saben y quieren simular saber y de la que nadie va a acordarse dentro de medio año.
Antonio Dor´s
ABC. 12 de junio de 1971.
Entrevista con Irene Foer.
“No sabemos nada de él , pero sigue sorprendiéndonos”.
Irene Foer nos recibe en su piso de Valencia. Y antes de comenzar la entrevista nos enseña con orgullo un sombrero de copa que perteneció a su tío. Poco queda de August Tercero Foer, un hombre que vivió tan deprisa que no le dio tiempo a casi nada.
Pregunta: Tu tío es sin duda, uno de los escritores más peculiares que ha tenido la literatura española. Esa extravagancia, ¿Era una pose o se comportaba como un excéntrico todo el tiempo?
Respuesta: habrá críticos que digan que Foer no era un buen literato. Pero nadie puede decir que era un hombre falso. Era auténtico. Si se comportaba así no era para llamar la atención. Es más, su forma de ser le trajo muchos más problemas que alegrías… De todas formas, era agradable tenerlo en la familia. Incluso ahora que no sabemos nada de él, sigue sorprendiéndonos.
P: Después de veinte años… ¿Habéis sabido algo de él?
R: No. No. Pero sigue muy presente. Hace poco, mi hermano quisimos vender la casa de mis padres y decidimos hacer un par de reformas antes. En uno de los cuartos vivió August durante una mala época en la que no encontraba trabajo. Al retirar una estantería encontramos un mensaje escrito sobre la pared. Mi tío había escrito. “Ocurrieron aquí tantas cosas. Si esta habla, que lo haga ante un abogado”. Y recordamos de inmediato uno de sus micro relatos en el que un hombre desesperado de amor escribe una carta tan larga que se queda sin papel y la continúa por las paredes. Encontrar el mensaje fue un regalo inesperado.
P: “Si esta habla que lo haga un abogado”. Parece un chiste. ¿Era un hombre divertido?
R: A veces. En la época en la que estaba enamorado y la crítica lo alababa no paraba de reir. Nos abrazaba mucho. Muy fuerte. Después no vinieron más que cosas tristes. Y es imposible hacer humor cuando uno está desesperado.
P: El mensaje en la pared no es la única sorpresa que habéis tenido últimamente. Cuando hablamos por teléfono me comentaste otra cosa…
R: Si. Un cuento inédito. Lo encontramos al vaciar la habitación. Estaba dentro de un cajón, dentro de un estuche de tela, enrollado en el tubo de un bolígrafo bic que ya no tenía tinta. Me gustaría mucho que se publicara pronto.
P: Irene, haremos lo posible para que así sea.
R: Gracias.
P: ¿Es cierto que Foer estuvo un año sin hablar con nadie?.. Lo dicen de Bob Dylan también.
R: Es totalmente cierto. No dijo ni una palabra entre agosto de 1968 y agosto de 1969. Cuando rompió su silencio, mi madre le preguntó porqué lo había hecho. El respondió: “sólo lo he hecho para ver qué ocurría”.
P: ¿Y que ocurrió?
R: Eso fue lo que le preguntamos nosotros. Dijo: “Poca cosa, la verdad”. Nos quedamos de piedra, porque durante todo aquel año, pensamos que su voto de silencio tenía algún motivo profundo.
P: ¿Cuándo fue la última vez que viste a tu tío?
R: Yo a penas tenía 12 años. Pero lo recuerdo muy bien. En el verano de 1975. en agosto.
P: ¿Cómo fue aquel encuentro?
R: Tenía mal ánimo mi tío. Y mal aspecto. Los ojos hundidos. La mirada perdida. El pelo largo y enmarañado. Todo así. Me fijé en las uñas, que siempre había cuidado mucho. Ahora estaban rotas y sucias. Mi padre le prestó un pijama limpio, pero ni siquiera después de haberse dado un baño recuperó su aspecto normal. Me pidió un vaso de leche y le observé mientras se lo bebía. Un pequeño chorro le resbaló por la barbilla. Algo me dijo que esa sería la última vez que lo vería. Y acerté.
P: ¿Crees que sigue vivo?
R: No lo sé.
Lourdes Castro.
Publicado en “Revista de letras”.
29 de mayo de 2007.
La autora de esta entrevista, Lourdes Castro, está preparando la edición de un libro con los mejores textos de Foer, que será publicado próximamente con el título de "August Tercero Foer. Breve Antología de un Best Seller"
